El arte de conducir en Costa Rica

La Costa Rica actual ha cambiado mucho en las últimas décadas. Nuestra infraestructura vial es cada vez mayor y, aun así, no alcanza, porque de igual forma ha crecido nuestro flota vehicular. Según la Asociación de Importadores de Vehículos y Maquinaria (AIVEMA), el país experimentó un aumento notable en la importación de vehículos nuevos en los últimos meses, alcanzando una cifra récord de 7.886 al mes. Una cifra bastante considerable.

Ya no vivimos en aquella Costa Rica, no tan lejana, donde tener un vehículo era señal de altos ingresos. Hoy, las calles del país están repletas y adquirir un automóvil está al alcance de muchas personas.

Todas las vías se encuentran colapsadas, y ni qué decir si se ha producido un choque, por pequeño que sea. El caos y los niveles de estrés aumentan. Los ticos, de quienes se habla como personas amables y cordiales cuando nos visitan, desaparecen en el momento de un embotellamiento.

Es un verdadero arte conducir en nuestras calles. La desesperación se desborda y provoca un desequilibrio mental que muchas veces nubla nuestros sentidos y, cuando despertamos de este trance emocional, ya es tarde.

Las señales de tránsito, los semáforos y la demarcación vial desaparecen para muchos.

La conducción es un arte que debemos aprender a ejercer siendo emocionalmente estables, sobre todo en estos momentos en que los niveles de ansiedad, la violencia y la presión social nos invaden y están por doquier. La conducción inteligente y emocional aparece en nosotros cuando nos ponemos en el lugar del otro, cuando somos empáticos; algo que falta cada vez más entre nosotros y nuestra sociedad.

Debemos tener la serenidad para ceder el paso a uno y a otro, por el mismo bien común, para avanzar juntos. Uno a la vez: eso es ser cortés.

Aceptar que nuestra vida es mucho más importante que una cita, una urgencia o un acto de matonismo nos puede salvar de que se nos arrebate nuestro futuro y el de nuestros seres amados.

Tener paz espiritual y claras nuestras prioridades nos puede salvar de un acontecimiento muy doloroso.

Nada justifica llevar el dolor a nuestros hogares por falta de prepararnos emocionalmente.

Cada vez que tomemos un vehículo, recogámonos y, por un momento, interioricemos.

Pongamos nuestras decisiones en modo espiritual para que podamos tener paz, el discernimiento correcto y la inteligencia emocional necesarios para que, en el momento en que nos asalten estos escenarios, podamos salir bien librados.

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La IA puede responderlo todo, pero no debe decidirlo todo.